PLÁCIDO (1961)

ESTRENO: 20 de OCTUBRE de 1961
DURACIÓN: 1 h 27 min
Depósito Legal: 5927-1961

Dirección: Luis García Berlanga 
Argumento: Luis G. Berlanga/Rafael Azcona
Guión: Luis G. Berlanga, Rafael Azcona, José Luis Colina, José Luis Fonto
Música: Miguel Asins Arbó
Fotografía: Francisco Sempere
Productor ejecutivo: Alfredo Matas

Plano inicial, con motocarro de Plácido y estrella de Oriente al fondo

24 de diciembre. Gabino Quintanilla (José Luis López Vázquez) es el encargado de dirigir una campaña navideña organizada por unas burguesas de provincias cuyo lema es: «Siente un pobre a su mesa». El objetivo no es otro que el de ayudar a que los más necesitados compartan la cena de Nochebuena con familias acomodadas y disfruten del calor y el afecto que no tienen durante el resto del año. Plácido (Cassen) ha sido contratado para participar con su motocarro en la cabalgata, pero surge un problema que le impide centrarse en su trabajo: ese mismo día vence la primera letra del vehículo, que es su único medio de subsistencia. La película nos hará acompañar a ambos personajes durante el día de Nochebuena, una odisea a la que se unirán muchos otros a lo largo de la historia, en un frenético viaje por una ciudad de provincias en la España de los sesenta para poder hacer frente a la letra que le haría perder a Plácido su herramienta de trabajo. 

Plácido intenta pagar la letra de 7.000 pesetas
Las «artistas de Madrid» que vienen para contribuir a la colecta navideña para los pobres son recibidas en la estación

La trama de Plácido gira en torno a la celebración de las fiestas navideñas en una pequeña ciudad de provincia española y se inspira en una traslación, al pie de la letra, del lema de la campaña que cada Navidad, desde mediados de los años 50, llevaba a cabo una rama de la Congregación de la Medalla Milagrosa con el amparo del régimen franquista. El lema en cuestión era “Siente un pobre a su mesa” (por cierto, el título original de la película, que la censura obligó a cambiar) y servía para promover en esas fechas tan señaladas un sentimiento de caridad cristiana que fomentara la donación de alimentos y ropas para los pobres.

FRASE DE LA PELÍCULA

«Necesitamos el concurso de todos, de pobres y de ricos, porque para la caridad no hay fronteras. Toda la ciudad debe sumarse a nuestra campaña «Cene con un pobre». Que por una noche seamos todos hermanos, que por una noche los duros de corazón sean generosos, que por una noche cenen los pobres. Esta campaña está patrocinada por Ollas Cocinex, las mejores ollas a vapor del mundo».

La cabalgata de beneficencia con las artistas se cruza con un entierro

Berlanga encontró en el neorrealismo italiano una fuente de inspiración que queda plasmado en sus películas de los sesenta. Veía que este estilo era el único modo de dar testimonio de la realidad que vivía el país, rompiendo con el cine de la época y saliendo a la calle a rodar en exteriores. El neorrealismo era considerado como sinónimo de sencillez artística, y su intención consistía en buscar y aproximarse a la verdad.  A esa visión contribuyen, por supuesto, los geniales diálogos de Rafael Azcona a los que contribuyeron el propio Berlanga, José Luis Colinas y José Luis Font y, muy especialmente, la brillante realización de Luis García Berlanga.  Plácido es la primera de las muchas colaboraciones entre Berlanga y Azcona. De este tándem saldrían muchos filmes llenos de humor ácido y sátira social, entre los que brilla con luz propia esta parodia de la campaña navideña que el régimen franquista había puesto en marcha ese año. A medida que avanza Plácido, la tensión narrativa crece y los contrastes se acumulan dando lugar a esa realidad deformada cercana la absurdo. Así, cuando la cabalgata con estrella de Belén, ollas a presión gigantes y artistas con fanfarria se cruza con la comitiva del entierro, el resultado es una lenta y elegante secuencia que mantiene fijo el plano general de cuyos ángulos superior e inferior izquierdos salen las dos hileras, la festiva y la mortuoria, creándose una situación imposible en cuanto al contenido, pero coherente respecto a la estructura narrativa.

La subasta de los artistas

El film se organiza alrededor de dos ejes narrativos: el primero, la organización de una cabalgata navideña que culminará con la subasta de pobres locales y artistas foráneos, destinados ambos a aderezar durante la cena de nochebuena las mesas de los afortunados; el segundo, la urgencia que tiene Plácido por pagar antes de su vencimiento la primera letra de su motocarro.

Don Poli (José Gavilán), dentista, explica la reconstrucción de la dentadura de su perro Tupi ante la atenta mirada del pobre protagonizado por Luis Ciges

Berlanga articula varios planos-secuencia para dar entrada a una gran variedad de personajes, hasta conformar un laberinto de idas y venidas con los caminos de todos ellos perfectamente delimitados:

  1. La presentación de la familia Helguera con las preocupadas idas y venidas de la señora por la enfermedad del pobre.
  2. La comunicación por la ventana con el piso de abajo.
  3. El piso de abajo con el dentista, el perro y el pobre.
  4. El portal de la casa, el dentista y los Galán subiendo la escalera.
  5. Interior del dormitorio con el pobre acostado, vestíbulo con los que llegan; comedor, saludos y presentaciones; comer, beber, Plácido y su cesta; dormitorio y mención de Concheta.
La segunda cabalgata

LOCALIZACIÓN

El RODAJE, que empezó el 27 de febrero de 1960 y se prolongó durante siete semanas en MANRESA (Barcelona), contó con un reparto coral en el que encontramos a actores de la talla de Manuel Alexandre, Elvira Quintilla, Agustín González, Antonio Ferrandis, Amparo Soler Leal, y un debutante, el cómico Castro Sendra Barrufet (Cassen), que sorprendió al público con esta primera experiencia cinematográfica. El film marcó, además, el principio de una estrecha y fructífera colaboración con el productor Alfredo Matas.

Amparo Soler Leal y Antonio Ferrandis, actores que repetirán con Berlanga en La escopeta Nacional quince años después
Álvaro Gil (Agustín González) le presta su aspirador para la sinusitis a Gabino delante de Plácido

AUSTRO-HÚNGARO, LA PALABRA FAVORITA DE BERLANGA

La palabra se menciona en todos los films de Berlanga. En esta ocasión, el encargado de pronunciarla es Félix Fernández, pobre que está cenando en la casa de una de las familias que organizan la iniciativa navideña, en referencia a la guerra en la que participó cuando era joven. Curiosamente será el mismo actor quien pronunciará la palabra en la siguiente película de Berlanga, El verdugo. En la imagen inferior se le puede apreciar comiendo con Maruja Collado, una de las artistas de Madrid.

Félix Fernández y Carmen Valencia

HISTORIA Y CULTURA DE ESPAÑA

El humor de Plácido es negro como el carbón, y nadie se salva del fariseismo moral. La hipocresía de burgueses que sólo buscan aliviar sus conciencias da pie a gags memorables: la elección del viejito más adecuado para adornar la cena. La mala leche alcanza cotas tan gozosas que linda el surrealismo, como el hecho de que la esposa de Plácido trabaje y pase el día en los urinarios públicos, o que el país esté más preocupado de que «no se blasfeme» a que sus pobres puedan comer cada día y no pasen frío, un frío que puede sentirse a lo largo de toda la película y que es continuamente mencionado por todos sus personajes.

La película fue seleccionada por la Academia de Hollywood para participar en los Oscar categoría de Mejor Película del año en lengua no inglesa. Sin embargo, el premio se lo terminó llevando Ingmar Bergman por Como en un espejo (Såsom i en spegel). El propio Berlanga relataba en la siguiente crónica su experiencia tras su única nominación a los Oscar:

«Recuerdo aquel viaje a Los Ángeles como un hecho maravilloso, porque en aquel momento ser nominado era lo mismo que recibir el Oscar. Después, desde que se lo concedieron a Garci, a Almodóvar y a Trueba, todos los que son nominados tienen además posibilidades de llevárselo, porque por fin alguien en España lo ha conseguido. Pero entonces no. En 1962, cuando Plácido, el premio era ser nominado; lo de ganarlo no era ni siquiera un sueño. Lo que ocurre es que la gente, por lo general, nunca ha sabido distinguir entre una película seleccionada para el Oscar y una película nominada. Y esta confusión dependía sobre todo de la malicia y de la picaresca del productor de turno. Porque la selección es algo que hace en España la Dirección General de Cine, que dice qué película va a Hollywood representando a nuestro país, lo mismo que hacen otros cuarenta o cincuenta países. Luego es en Estados Unidos, en la propia Academia, donde quedan limitadas sólo a cinco las películas nominadas, las cinco películas extranjeras en lengua no inglesa que a juicio de la Academia de Hollywood son las mejores del año. En mis tiempos, en aquellos años sesenta, había productores que ponían de forma muy destacada «Película seleccionada para el Oscar», con unos titulares enormes, en la publicidad de la película. Y otros que siendo nominados, que era más importante, no hacían publicidad de ello, o mucha menos, con lo cual la denominación pasaba desapercibida. Y es que la nominación es un techo mucho más alto que la selección, y por eso para mí era ya como tener el Oscar… En nuestra época, no sólo para mí sino para los demás que fueron nominados –aunque no lo he comentado con ellos-, el hecho de la nominación era ya el máximo techo al que habíamos llegado. Sentíamos una excitación casi erótica, una satisfacción brutal porque representaba que ibas a ir a Hollywood como nominado, y allí te esperarían con un ceremonial maravilloso desde el principio.

Para empezar, cuando bajamos la escalerilla del avión, había dos señoritas esperando para recibirnos y acompañarnos, dos jovencitas que en nuestro caso fueron nada menos que Jane Mansfield, la célebre rubia tetona y maravillosa que se decapitó después en un accidente, y Angie Dickinson. Dos señoritas –dos grandes actrices, como es la costumbre- que nos esperaban con dos ramos de flores, uno para Alfredo Matas y otro para mí. Después nos llevaron en coche al hotel y nos dijeron que nos atenderían durante nuestra estancia en Hollywood, es decir, que nos acompañarían a los cócteles, a las recepciones, a todos los actos públicos. Y es que la Academia designaba a dos actrices importantes para que hicieran de azafatas o guías de los nominados, pero no a dos actrices del montón sino a dos señoras como la Mansfield, que en aquel momento era la estrella más fulgurante –como la Mae West-, y la Dickinson, una actriz de categoría que todavía está en candelero. En los cócteles a los que nos llevaban estaban los directores de Hollywood, entre ellos los viejos, con los que deseabas encontrarte: King Vidor, William Wyler, Billy Wilder… Directores que se te acercaban, te hablaban –casi todos entendían o hablaban francés- y comentaban tu película, algo de tal escena o de tal secuencia. Aquello era ya para morirse de la emoción: en aquel momento, en plenos años sesenta, un directorcillo español llegaba a Hollywood y el señor Frank Capra le saludaba y hablaba; o el señor Zinneman, a quien recuerdo diciéndome: «Es imposible, no me puedo creer ese presupuesto, porque sólo la escena aquella del reparto de premios, con aquellos extras, no es posible con ese presupuesto.» Te preguntaban cómo se había rodado tal o cual secuencia, o comentaban que les gustaba un determinado final. Era todo una maravilla, una maravilla. Teníamos un intérprete con el que yo me lo pasaba muy bien, un tío serio y aburrido que cuando íbamos en coche por la ciudad nos decía telegráficamente, señalando con el dedo: «rascacielos», «avenida», «palmera»… Como si fuésemos unos catetos. Lo más gracioso fue cuando de repente desembocamos en Santa Mónica, en el boulevard, y señalando el mar nos dijo: «Pacífico».

Nos hospedamos en un hotel muy antiguo –supongo que ahora les llevarán a otros más modernos- pero muy prestigioso, el Beverly Hills, en donde se han rodado grandes películas. Era maravilloso llegar a la habitación y encontrarte con una enorme cesta de frutas. Ahora es más corriente, pero yo era la primera vez que al llegar a una habitación me encontraba con una cesta de frutas del tamaño de una mesa, repleta de frutas de todo tipo colocadas con un gusto exquisito. Y luego, en la piscina del hotel, veías a todos los actores famosos; a Joseph Cotten, ya muy viejo y tumbado al sol, pues no se bañaba nunca; a Steve McQueen, a Elizabeth Taylor… Después de todo eso, lo que menos me impresionó y me interesó, donde más me aburrí, fue durante la ceremonia de entrega de los premios. Entre otras cosas porque estaba Bergman entre los cinco nominados extranjeros, que fue quien ganó, claro. Pero aunque no fuera evidente que iba a ser así –en una entrega de premios nunca se sabe-, a mí la ceremonia no me produjo la más mínima inquietud, y ni siquiera me di cuenta de cuándo llegó el momento de entregar el premio a la mejor película extranjera. Porque, además de que no sabía inglés, me estaba dedicando a mirar a los actores que andaban por allí. Después, la cena también fue aburridísima y ya ni siquiera había gente importante.

Plano final

EL VERDUGO (1963)

Cartel promocional

ESTRENO: 17 de FEBRERO de 1964
DURACIÓN: 1 h 31 min

Dirección: Luis García Berlanga
Guion: Luis García Berlanga y Rafael Azcona (colaborador: Ennio Flaiano)
Productor: Naga Films S.A. de Madrid y Zebra Films S.P.A. de Roma
Productor ejecutivo: Nazario Belmar
Música: Miguel Asins Arbó
Fotografía: Tonino Delli Colli 
Decorador: José A. de la Guerra
Vestuario: Humberto Cornejo
Peluquera: María Teresa Gamborino

Realizada en los Estudios CEA de Madrid
Laboratorios: Madrid Film

Depósito Legal: Nº M-9964-1963

Plano inicial: la leche migada

SINOPSIS

José Luis Rodríguez (Nino Manfredi), empleado de una funeraria, proyecta emigrar a Alemania para aprender mecánica: «una cosa más moderna». Un día, recogiendo el cadaver de un reo que ha sido ejecutado, conoce al verdugo Amadeo (Pepe Isbert). Como el tranvía va a tardar mucho en llegar, José Luis y su compañero (Ángel Álvarez) invitan a Amadeo a ir con ellos en el coche fúnebre. Al bajar del coche, Amadeo se olvida su caja de herramientas en el coche y José Luis se la lleva a su casa. Allí conocerá a Carmen (Emma Penella), hija de Amadeo. Un día, cuando Amadeo regresa a casa, éste los sorprende en la intimidad y los obliga a casarse «porque eso no tiene más que un arreglo». Ante la acuciante falta de medios económicos de los recién casados y a su próxima paternidad, Amadeo, que está a punto de jubilarse, trata de persuadir a José Luis para que solicite la plaza que él va a dejar vacante, lo que le daría derecho a una vivienda proporcionada por el estado. A regañadientes, José Luis acaba aceptando la propuesta de su suegro, esperando que jamás se presentará la ocasión de ejercer tan ignominioso oficio.

Berlanga se inspiró en el famoso caso de «la envenenadora de Valencia», Pilar Prendes Expósito, que fue la última mujer condenada a muerte en España mediante el garrote vil el 19 de mayo de 1959. Berlanga tuvo noticia de la ejecución trámite un abogado amigo, quien le explicó cómo el verdugo encargado de ajusticiarla, Antonio López Guerra, sufrió un ataque de nervios a la hora de llevar a cabo su función profesional. Berlanga manifestó que fue la única de sus películas que nació de una imagen, a partir de la cual construyó el resto de la historia con la colaboración de Azcona.

¿Has visto al verdugo? Le estaban pagando. Oye, ¿cuánto cobrará por esto?

Y yo que sé, la verdad es que parece una persona normal. Si yo me lo encontrara en el café o en el cine, no diría que es un verdugo.

–LISTA DE CANCIONES Y MÚSICA– 

  1. Twist «El Verdugo» – Adolfo Waitzman

A excepción de los títulos de crédito, la escena del embalse, la de la boda y la del final, la película carece de música.

José Luis López Vázquez es Antonio, hermano de José Luis, y está casado con Estefanía (María Luisa Ponte). Los tres viven juntos con los hijos de la pareja en la casa-sastrería de Antonio al comienzo de la película. El papel de protagonista estaba preparado para López Vázquez, pero al tratarse de una co-producción, fue necesario utilizar a un actor italiano. Berlanga confesaría que su relación con Nino Manfredi no fue fácil: «Hacía demasiadas preguntas» y «no acababa de parecer un español». Berlanga llegó a afirmar que «es el tipo de actor que a mí precisamente no me va bien. Es muy bueno, pero hace muchas preguntas. Nino se angustiaba porque yo no le decía nada, porque no le daba indicaciones. Por las noches me perseguía para que repasáramos juntos el guion y yo me escabullía como podía. Se sintió, el pobre muy abandonado».

El popular actor Emilio Laguna interpreta a un aduanero encargado de inspeccionar un ataúd que ha llegado al aeropuerto con un muerto en su interior procedente en un vuelo de Estados Unidos y que será trasladado por José Luis y Álvarez. Abajo, la famosa escena en el aeropuerto con la familia del finado corriendo detrás del coche que lo transporta.

El coche fúnebre

En El verdugo se dan cita actores de la talla de: Alfredo Landa (en la imagen con José Luis Coll), cuya voz fue doblada por José María de Penagos y que da vida al monaguillo de la iglesia donde contraen matrimonio José Luis y Carmen; Chus Lampreave, Lola Gaos y Julia Caba Alba, quienes han recibido un piso de protección oficial similar al que recibirá José Luis si acepta el trabajo de verdugo; José Sazatornil «Saza», encargado de administrar los pisos de protección oficial; Antonio Ferrandis es funcionario de la prisión en la que José Luis tendrá que ejecutar a su primer reo, interpretado por Manuel Aleixandre, ambos asiduos en las películas de Berlanga; María Isbert, hija de Pepe, representa a Ignacia, mujer de Álvarez.

Como era habitual en el cine de Berlanga, son varios los planos largos que aparecen en este largometraje. El primero de ellos ocurre ya al comienzo cuando Amadeo va en el coche fúnebre con José Luis y Álvarez y salen de la cárcel en la que han recogido el cadáver del reo ejecutado (1). El segundo plano largo muestra la entrada en casa de Amadeo antes de descubrir a su hija a medio vestir con José Luis y que provocará el matrimonio de éstos (2). Otro plano largo nos enseña la llegada de los novios a la iglesia mientras los monaguillos recogen la alfombra de la boda de alta alcurnia celebrada inmediatamente anterior a la suya (3). El último plano largo del film tiene lugar cuando José Luis es transportado, o mejor dicho arrastrado, al patíbulo detrás del condenado antes de la ejecución (4). En esta escena el verdugo se convierte en víctima, situación que simboliza toda la película y la forma en cómo la vida nos guarda trampas por las que una decisión puede condicionar el resto de nuestras vidas. La famosa escena tuvo lugar en el patio de un gimnasio y, cuando el decorado estuvo listo, Berlanga se encargó de que la puerta que aparece al fondo fuera muy pequeña para dar la sensación de lejanía.

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LOCALIZACIONES

La película está rodada en MADRID y MALLORCA. La dirección de la casa madrileña donde consiguen el piso nuevo de protección oficial es «Polígono Sur, Grupo 4, Bloque 17, Tercero Derecha».

En la imagen inferior una parada de Metro o Subterráneo. Después, los tres protagonistas principales disfrutan de un helado frente a la calle José y Fernando Serrano Súñer (hermanos asesinados de Ramón, cuñado de Franco). Más abajo, en la llegada al Puerto de Mallorca y en las Cuevas del Drac.

José Luis en Mallorca para su primera ejecución
«Don José Luis Rodríguez, se busca a José Luis Rodríguez»

AUSTRO-HÚNGARO, LA PALABRA FAVORITA DE BERLANGA

La palabra se menciona en todos los films de Berlanga. En esta ocasión, el encargado de pronunciarla es Félix Fernández, organista de la iglesia, quien ya hizo de pobre en el film anterior de Berlanga –Plácido–, en referencia a una obra que va a ser estrenada esa noche y que se titula Idilio austro-húngaro. En la imagen inferior se le puede apreciar devorando los recortes de las hostias a consagrar en la iglesia al lado de Alfredo Landa.

La película se estrenó en el XXIV Festival de Venecia de 1963 y llegó a los cines de Madrid a comienzos de 1964. Considerada una de las mejores películas de la historia del cine español, El verdugo satiriza los rasgos más oscuros de la España de los años sesenta con un sentido del humor capaz de ganar para su causa la consideración de cumbre de la comedia negra. Bajo la visión propuesta por la película sobre la hipócrita y corrupta sociedad española, Berlanga elabora lo que el crítico José María Latorre definió como «el sentimiento tragicómico de la existencia» que le acompañará en el resto de su filmografía.

La situación política no ayudó con el estreno. En abril de 1963 había sido ejecutado Julián Grimau, y, en agosto, dos semanas antes del estreno veneciano, habían recibido garrote vil los anarquistas Francisco Granados y Joaquín Delgado. Sorprende que Berlanga lograra burlar la vigilancia de los censores, aunque, como era de esperar en la España controladora de Franco, la película recibiera numerosos cortes por duración de 4 minutos y 31 segundos como el director indicó años después. El embajador de España en Roma, Alfredo Sánchez Bella escribió que era «uno de los más impresionantes libelos que jamás se han hecho contra España; un panfleto político increíble, no contra el régimen, sino contra toda una sociedad». 

La película se rodó como coproducción entre España e Italia y obtuvo el Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos al mejor guion, así como el del Sindicato Nacional del Espectáculo a la mejor actriz para Emma Penella.

Plano final: Adios Mallorca

Como suele ocurrir en el cine de Berlanga, al comienzo de sus películas los protagonistas suelen encontrarse en una situación difícil de la que tienen que salir mediante la resolución de uno o varios problemas concretos. Al final, después de una odisea en la que el espectador puede llegar a pensar que finalmente se solucionaría el problema, están en una que es infinitamente peor.

CURIOSIDADES

La película se rodó en 110 tomas.

Para la escena de la boda, Berlanga se basó en la suya propia con su esposa María Jesús, cuando les tocó casarse después de una boda de gran postín.

Emma Penella, quien da vida a Carmen en la película, alcanzaría un enorme éxito con su papel de Concha en la popular serie de televisión Aquí no hay quien viva entre 2003 y 2007. La actriz fallecería en agosto de 2007 a la edad de 76 años.

Nino Manfredi fue doblado al español por José María Prada.


EL EXTRAÑO VIAJE (1964)

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Dirección: Fernando Fernán Gómez
Guión: Pedro Beltrán
Argumento: Manuel Ruiz Castillo / Pedro Beltrán (Sobre una idea de Luis García Berlanga)
Música: Cristobal Halfter

 

Frase:
Beatriz: No te enfades, ya me besaras cuando nos casemos. Siempre he tenido la ilusión de que el primer hombre que me bese sea mi marido.
Fernando: Pero eso es un chantaje.
Beatriz: ¿Llamas chantaje al matrimonio?

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Plano inicial – Doña Teresa anuncia que le han robado un corsé

En un pequeño y tranquilo pueblo ha desaparecido un corsé de la boutique de doña Teresa (María Luisa Ponte). ¿Quién lo ha robado? Lo que parece un simple hurto terminará por afectar a todo el pueblo. Dos historias, sin relación aparente, se irán mezclando a lo largo de la película: la relación amorosa entre Beatriz (Lina Canalejas) y Fernando (Carlos Larrañaga) y la extraña vida de tres hermanos (Ignacia, Paquita y Venancio). Beatriz, empleada en la boutique, quiere casarse pero Fernando, guitarrista de una banda de música itinerante, no puede hacerlo ya que tiene un hermano paralítico, Quique, en Madrid al que no puede abandonar. Ignacia (Tota Alba), solterona de unos 50 años, tiene atemorizados a sus hermanos Venancia (Jess Franco) y Paquita (Rafaela Aparicio) con quienes comparte la casa más grande del pueblo y el negocio de una bodega. Cuando Ignacia decide que quiere vender la casa, sus hermanos comienzan a temer por su futuro y reaccionarán de un modo inesperada a las presiones de su hermana mayor.

 

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Paquita y Venancio sospechan de su hermana

 

Esa noche, Paquita y Venancio se despiertan desconcertados después de escuchar un ruido sospechoso en la habitación de su hermana. Cuando los dos entran en la habitación porque piensan que hay alguien, aparece Ignacia y comienza a pegar violentamente a Paquita. Venancia, para defender a Paquita, coge una botella de aguardiente con la que golpea repetidas veces a Ignacia causándole la muerte. Esa misma noche, la banda de Fernando toca en la plaza del pueblo. Mientras todos los vecinos están disfrutando de la música, se produce el asesinato aunque ninguno escucha nada sospechoso.

Fernando quiere ahora casarse con Beatriz. En realidad, Quique no existe y era solo una excusa para no casarse. Sus amigos le recomiendan que le diga a su prometida que Quique ha muerto para resolver el dilema. Mientras tanto, Paquita y Venancia se muestran muy contentos ya que ahora podrán disfrutar de la casa con la libertad que nunca habían tenido en vida de su hermana. Mientras están tomando una copa del aguardiente de su hermana, aparece alguien vestido exactamente igual que su hermana recién fallecida provocando su desmayo súbito. ¿Quién es esa persona? A partir de entonces, vemos a dicha persona asomada al balcón de la casa de los tres hermanos y marcharse con maletas junto con Paquita y Venancio en un taxi. Es este el «extraño viaje» sobre el que los habitantes del pueblo se preguntan.

La siguiente escena muestra a los dos hermanos muertos en la orilla de una playa. Por ello, se comienza una investigación policial para encontrar al asesino y a Ignacia, desaparecida misteriosamente. Mientras el dueño de la taberna del pueblo está sacando de las tinajas el vino que ya le había abonado a Ignacia aparece el cadáver de éste. Al mismo tiempo, los parroquianos de la taberna ven cómo Fernando se desmaya mientras está bebiendo el vino de Ignacia al enterarse de su procedencia. Los parroquianos se dan cuenta de que hay algo extraño y le dicen a la policía que Fernando podría ser sospechoso del crimen y de la desaparición. Tras ser detenido, Fernando confiesa que tenía una relación especial con Ignacia a la que veía a escondidas todos los sábados por la noche cuando venía a tocar con la banda. Ambos bebían, bailaban y charlaban juntos. Para mantener la relación en secreto, Ignacia le pedía a Fernando que le comprase ropa, ya que él tenía la misma estatura que ella, para no tener que salir de casa. Al comprar la ropa en la boutique del pueblo, Fernando conoce a Beatriz y, tras hacerse novios, ya no podrá comprar más ropa para mujer para Ignacia. Es entonces cuando roba el corsé de la boutique para que Beatriz no sospeche de su otra relación: “Yo estaba enamorado de Beatriz y la vieja me daba asco”, declara Fernando a la policía.

 

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La particular relación entre Ignacia y Fernando

La noche en que los hermanos mataron a Ignacia, Fernando estaba en la habitación de ésta como Paquita y Venancio sospechaban. Aprovechando que Fernando también quería terminar su relación con Ignacia, ayuda a los dos hermanos a arrojar el cadáver de ésta en una de las tinajas de vino de la empresa familiar. Fernando explica que en la casa había 3 millones de pesetas y que, por ese motivo, ayudaría a los dos hermanos a escapar de la casa y se repartirían el dinero a partes iguales. Él era la misteriosa persona que se hizo pasar por Ignacia tras la muerte de ésta. Paquita se pensaba que Fernando no solo los acompañaría en su escapada sino que se quedaría con ellos una vez estuviesen en el extranjero. Venancio no lo deja marcharse ya que tiene miedo de que pueda delatarlos. Mientras están en la playa esperando la lancha motora que los transportará, Fernando le pone unos somníferos en la copa de champán con la intención de dormirlos y eso les causará la muerte: “Íbamos a casarnos, yo no quería matarlos”. Tras su confesión, la Guardia Civil se lo lleva detenido y vemos a Beatriz mirar desconsoladamente a su prometido sabiendo que nunca más lo volverá a ver.

 

Screen Shot 2016-01-31 at 1.26.02 PMPlano Final – La Guardia Civil se lleva detenido a Fernando

CULTURA Y SOCIEDAD DE ESPAÑA

 

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La lujuria, enemiga del Catolicismo

TAMAÑO NATURAL (1973)

tamaño natural b

 

Dirección: Luis García Berlanga
Guion: Luis García Berlanga – Rafael Azcona

Música: Maurice Jarre

Exteriores: París

Frase:

La madre de Michel sobre su relación con la muñeca:
“Parece mentira pero ha estado conmigo más tiempo que tu mujer”.

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Plano inicial – Michel va a recoger a la muñeca recién llegada de Japón

Paris. Michel (Michel Piccoli), dentista de profesión, recoge un gran paquete que acaba de llegarle por correo desde Japón. Cuando llega a casa descubrimos que el paquete contiene la reproducción de una muñeca de poliuretano a tamaño natural. Sin embargo, Michel ya está casado con Isabelle (Rada Rassimov). Al día siguiente, el matrimonio asiste a una barbacoa en casa de unos amigos con quienes ambos mantienen relaciones extramatrimoniales por separado. Allí Michel ve cómo una niña lleva a su propia muñeca al cuarto de baño, le pregunta cómo se llama y le da el mismo nombre a la suya: Catherine (aunque le dará diferentes nombres a lo largo de la película). La relación entre ambos comienza a estrecharse e incluso se duchan juntos en la clínica dental de Michel. Así comienza la doble vida de Michel dividida entre su vida profesional, alrededor de su trabajo y su relación con la muñeca a quien tiene en la clínica, y su vida matrimonial claramente en declive. Isabel sabe que esa teniendo una relación con otra mujer, sin embargo, la relación entre la pareja parece bastante abierta.

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Michel y Catherine

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En el aniversario de su primera semana juntos, Michel celebra el ochenta cumpleaños de su madre en el hotel propiedad de ésta mientras Catherine lo espera en el coche. Esa noche en el hotel será la primera noche juntos de los dos. Cuando la madre le trae el desayuno a la habitación descubre a Catherine mientras ambos duermen. Sin embargo, ella no parece sorprenderse cuando él le dice que es “un flotador” que usa para dormir cuando no hay mujeres “potables” a las que llevarse a la cama. Al día siguiente, Michel descubre que la muñeca ha desaparecido del armario de la habitación del hotel y se da cuenta de que la ha cogido su madre para hablar con ella: “parece mentira pero ha estado conmigo más tiempo que tu mujer”, dice la madre.

 

Después de la noche juntos, Michel se obsesiona con Catherine y comienza a comprarle vestidos hechos a medida en la boutique (la dueña es Amparo Soler Leal) y a hacer cada vez más cosas juntos. Isabelle aparece un día por la clínica para conocer a la amante de su marido cuando se da cuenta de la realidad. En la siguiente escena, vemos cómo Isabelle espera en su habitación a Michel disfrazada de Catherine. Sin embargo, Michel la rechaza ya que tiene defectos que la verdadera muñeca no tiene. El tratamiento cada vez más humano del hombre hacia la muñeca llega hasta el punto de simular una boda en una capilla con Catherine vestida de novia.

La siguiente escena a la boda nos muestra a Catherine con un niño de carne y hueso a su lado en la cama a quien incluso da de mamar. Ahora la nueva pareja está consolidada y vive en un apartamento nuevo. Los amigos de Michel conocen ya toda la historia y ven al niño y a su madre. Sin embargo, después vemos que el niño es el de su empleada doméstica María Luisa (Queta Claver) y que su verdadero “hijo” es también un muñeco. Después el marido de María Luisa, José Luis Natalio (Manuel Aleixandre), “viola” a la muñeca un día en que Michel había colocado una cámara escondida que graba toda la escena. Michel lo considera una infidelidad de su “mujer” y empieza a amenazarla con una pistola y a llamarla “puta”.

Michel recibe la visita de Natalio y María Luisa acompañado de sus amigos (Luis Ciges, Agustín González y José Luis Coll, entre otros), inmigrantes españoles en París, que están celebrando la Nochebuena. Al parecer, Natalio les ha hablado de la muñeca y, aprovechando que Michel no se encuentra bien de salud, el alicantino que vino tocando la guitarra (Agustín González) se la lleva de casa de Michel. Michel se lo dice a Natalio y este lo acompaña a casa del español para buscar a la muñeca. Al llegar allí, se dan cuenta de que el grupo de españoles está realizando una procesión en la que la muñeca está dispuesta en forma de virgen dolorosa mientras el guitarrista le canta una saeta. La procesión se interrumpe y los hombres desnudan a la muñeca cuando Natalio aparece para llevársela a Michel. De regreso a casa, Michel se lanza en el río con el coche acompañado de la muñeca. La película termina con la muñeca flotando en el Sena.


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Plano Final – Michel y Catherine terminan en el Sena

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FOTOGRAMAS (JULIO 2017)