PLÁCIDO (1961)

ESTRENO: 20 de OCTUBRE de 1961
DURACIÓN: 1 h 27 min
Depósito Legal: 5927-1961

Dirección: Luis García Berlanga 
Argumento: Luis G. Berlanga/Rafael Azcona
Guión: Luis G. Berlanga, Rafael Azcona, José Luis Colina, José Luis Fonto
Música: Miguel Asins Arbó
Fotografía: Francisco Sempere
Productor ejecutivo: Alfredo Matas

Plano inicial, con motocarro de Plácido y estrella de Oriente al fondo

24 de diciembre. Gabino Quintanilla (José Luis López Vázquez) es el encargado de dirigir una campaña navideña organizada por unas burguesas de provincias cuyo lema es: «Siente un pobre a su mesa». El objetivo no es otro que el de ayudar a que los más necesitados compartan la cena de Nochebuena con familias acomodadas y disfruten del calor y el afecto que no tienen durante el resto del año. Plácido (Cassen) ha sido contratado para participar con su motocarro en la cabalgata, pero surge un problema que le impide centrarse en su trabajo: ese mismo día vence la primera letra del vehículo, que es su único medio de subsistencia. La película nos hará acompañar a ambos personajes durante el día de Nochebuena, una odisea a la que se unirán muchos otros a lo largo de la historia, en un frenético viaje por una ciudad de provincias en la España de los sesenta para poder hacer frente a la letra que le haría perder a Plácido su herramienta de trabajo. 

Plácido intenta pagar la letra de 7.000 pesetas
Las «artistas de Madrid» que vienen para contribuir a la colecta navideña para los pobres son recibidas en la estación

La trama de Plácido gira en torno a la celebración de las fiestas navideñas en una pequeña ciudad de provincia española y se inspira en una traslación, al pie de la letra, del lema de la campaña que cada Navidad, desde mediados de los años 50, llevaba a cabo una rama de la Congregación de la Medalla Milagrosa con el amparo del régimen franquista. El lema en cuestión era “Siente un pobre a su mesa” (por cierto, el título original de la película, que la censura obligó a cambiar) y servía para promover en esas fechas tan señaladas un sentimiento de caridad cristiana que fomentara la donación de alimentos y ropas para los pobres.

FRASE DE LA PELÍCULA

«Necesitamos el concurso de todos, de pobres y de ricos, porque para la caridad no hay fronteras. Toda la ciudad debe sumarse a nuestra campaña «Cene con un pobre». Que por una noche seamos todos hermanos, que por una noche los duros de corazón sean generosos, que por una noche cenen los pobres. Esta campaña está patrocinada por Ollas Cocinex, las mejores ollas a vapor del mundo».

La cabalgata de beneficencia con las artistas se cruza con un entierro

Berlanga encontró en el neorrealismo italiano una fuente de inspiración que queda plasmado en sus películas de los sesenta. Veía que este estilo era el único modo de dar testimonio de la realidad que vivía el país, rompiendo con el cine de la época y saliendo a la calle a rodar en exteriores. El neorrealismo era considerado como sinónimo de sencillez artística, y su intención consistía en buscar y aproximarse a la verdad.  A esa visión contribuyen, por supuesto, los geniales diálogos de Rafael Azcona a los que contribuyeron el propio Berlanga, José Luis Colinas y José Luis Font y, muy especialmente, la brillante realización de Luis García Berlanga.  Plácido es la primera de las muchas colaboraciones entre Berlanga y Azcona. De este tándem saldrían muchos filmes llenos de humor ácido y sátira social, entre los que brilla con luz propia esta parodia de la campaña navideña que el régimen franquista había puesto en marcha ese año. A medida que avanza Plácido, la tensión narrativa crece y los contrastes se acumulan dando lugar a esa realidad deformada cercana la absurdo. Así, cuando la cabalgata con estrella de Belén, ollas a presión gigantes y artistas con fanfarria se cruza con la comitiva del entierro, el resultado es una lenta y elegante secuencia que mantiene fijo el plano general de cuyos ángulos superior e inferior izquierdos salen las dos hileras, la festiva y la mortuoria, creándose una situación imposible en cuanto al contenido, pero coherente respecto a la estructura narrativa.

La subasta de los artistas

El film se organiza alrededor de dos ejes narrativos: el primero, la organización de una cabalgata navideña que culminará con la subasta de pobres locales y artistas foráneos, destinados ambos a aderezar durante la cena de nochebuena las mesas de los afortunados; el segundo, la urgencia que tiene Plácido por pagar antes de su vencimiento la primera letra de su motocarro.

Don Poli (José Gavilán), dentista, explica la reconstrucción de la dentadura de su perro Tupi ante la atenta mirada del pobre protagonizado por Luis Ciges

Berlanga articula varios planos-secuencia para dar entrada a una gran variedad de personajes, hasta conformar un laberinto de idas y venidas con los caminos de todos ellos perfectamente delimitados:

  1. La presentación de la familia Helguera con las preocupadas idas y venidas de la señora por la enfermedad del pobre.
  2. La comunicación por la ventana con el piso de abajo.
  3. El piso de abajo con el dentista, el perro y el pobre.
  4. El portal de la casa, el dentista y los Galán subiendo la escalera.
  5. Interior del dormitorio con el pobre acostado, vestíbulo con los que llegan; comedor, saludos y presentaciones; comer, beber, Plácido y su cesta; dormitorio y mención de Concheta.
La segunda cabalgata

LOCALIZACIÓN

El RODAJE, que empezó el 27 de febrero de 1960 y se prolongó durante siete semanas en MANRESA (Barcelona), contó con un reparto coral en el que encontramos a actores de la talla de Manuel Alexandre, Elvira Quintilla, Agustín González, Antonio Ferrandis, Amparo Soler Leal, y un debutante, el cómico Castro Sendra Barrufet (Cassen), que sorprendió al público con esta primera experiencia cinematográfica. El film marcó, además, el principio de una estrecha y fructífera colaboración con el productor Alfredo Matas.

Amparo Soler Leal y Antonio Ferrandis, actores que repetirán con Berlanga en La escopeta Nacional quince años después
Álvaro Gil (Agustín González) le presta su aspirador para la sinusitis a Gabino delante de Plácido

AUSTRO-HÚNGARO, LA PALABRA FAVORITA DE BERLANGA

La palabra se menciona en todos los films de Berlanga. En esta ocasión, el encargado de pronunciarla es Félix Fernández, pobre que está cenando en la casa de una de las familias que organizan la iniciativa navideña, en referencia a la guerra en la que participó cuando era joven. Curiosamente será el mismo actor quien pronunciará la palabra en la siguiente película de Berlanga, El verdugo. En la imagen inferior se le puede apreciar comiendo con Maruja Collado, una de las artistas de Madrid.

Félix Fernández y Carmen Valencia

HISTORIA Y CULTURA DE ESPAÑA

El humor de Plácido es negro como el carbón, y nadie se salva del fariseismo moral. La hipocresía de burgueses que sólo buscan aliviar sus conciencias da pie a gags memorables: la elección del viejito más adecuado para adornar la cena. La mala leche alcanza cotas tan gozosas que linda el surrealismo, como el hecho de que la esposa de Plácido trabaje y pase el día en los urinarios públicos, o que el país esté más preocupado de que «no se blasfeme» a que sus pobres puedan comer cada día y no pasen frío, un frío que puede sentirse a lo largo de toda la película y que es continuamente mencionado por todos sus personajes.

La película fue seleccionada por la Academia de Hollywood para participar en los Oscar categoría de Mejor Película del año en lengua no inglesa. Sin embargo, el premio se lo terminó llevando Ingmar Bergman por Como en un espejo (Såsom i en spegel). El propio Berlanga relataba en la siguiente crónica su experiencia tras su única nominación a los Oscar:

«Recuerdo aquel viaje a Los Ángeles como un hecho maravilloso, porque en aquel momento ser nominado era lo mismo que recibir el Oscar. Después, desde que se lo concedieron a Garci, a Almodóvar y a Trueba, todos los que son nominados tienen además posibilidades de llevárselo, porque por fin alguien en España lo ha conseguido. Pero entonces no. En 1962, cuando Plácido, el premio era ser nominado; lo de ganarlo no era ni siquiera un sueño. Lo que ocurre es que la gente, por lo general, nunca ha sabido distinguir entre una película seleccionada para el Oscar y una película nominada. Y esta confusión dependía sobre todo de la malicia y de la picaresca del productor de turno. Porque la selección es algo que hace en España la Dirección General de Cine, que dice qué película va a Hollywood representando a nuestro país, lo mismo que hacen otros cuarenta o cincuenta países. Luego es en Estados Unidos, en la propia Academia, donde quedan limitadas sólo a cinco las películas nominadas, las cinco películas extranjeras en lengua no inglesa que a juicio de la Academia de Hollywood son las mejores del año. En mis tiempos, en aquellos años sesenta, había productores que ponían de forma muy destacada «Película seleccionada para el Oscar», con unos titulares enormes, en la publicidad de la película. Y otros que siendo nominados, que era más importante, no hacían publicidad de ello, o mucha menos, con lo cual la denominación pasaba desapercibida. Y es que la nominación es un techo mucho más alto que la selección, y por eso para mí era ya como tener el Oscar… En nuestra época, no sólo para mí sino para los demás que fueron nominados –aunque no lo he comentado con ellos-, el hecho de la nominación era ya el máximo techo al que habíamos llegado. Sentíamos una excitación casi erótica, una satisfacción brutal porque representaba que ibas a ir a Hollywood como nominado, y allí te esperarían con un ceremonial maravilloso desde el principio.

Para empezar, cuando bajamos la escalerilla del avión, había dos señoritas esperando para recibirnos y acompañarnos, dos jovencitas que en nuestro caso fueron nada menos que Jane Mansfield, la célebre rubia tetona y maravillosa que se decapitó después en un accidente, y Angie Dickinson. Dos señoritas –dos grandes actrices, como es la costumbre- que nos esperaban con dos ramos de flores, uno para Alfredo Matas y otro para mí. Después nos llevaron en coche al hotel y nos dijeron que nos atenderían durante nuestra estancia en Hollywood, es decir, que nos acompañarían a los cócteles, a las recepciones, a todos los actos públicos. Y es que la Academia designaba a dos actrices importantes para que hicieran de azafatas o guías de los nominados, pero no a dos actrices del montón sino a dos señoras como la Mansfield, que en aquel momento era la estrella más fulgurante –como la Mae West-, y la Dickinson, una actriz de categoría que todavía está en candelero. En los cócteles a los que nos llevaban estaban los directores de Hollywood, entre ellos los viejos, con los que deseabas encontrarte: King Vidor, William Wyler, Billy Wilder… Directores que se te acercaban, te hablaban –casi todos entendían o hablaban francés- y comentaban tu película, algo de tal escena o de tal secuencia. Aquello era ya para morirse de la emoción: en aquel momento, en plenos años sesenta, un directorcillo español llegaba a Hollywood y el señor Frank Capra le saludaba y hablaba; o el señor Zinneman, a quien recuerdo diciéndome: «Es imposible, no me puedo creer ese presupuesto, porque sólo la escena aquella del reparto de premios, con aquellos extras, no es posible con ese presupuesto.» Te preguntaban cómo se había rodado tal o cual secuencia, o comentaban que les gustaba un determinado final. Era todo una maravilla, una maravilla. Teníamos un intérprete con el que yo me lo pasaba muy bien, un tío serio y aburrido que cuando íbamos en coche por la ciudad nos decía telegráficamente, señalando con el dedo: «rascacielos», «avenida», «palmera»… Como si fuésemos unos catetos. Lo más gracioso fue cuando de repente desembocamos en Santa Mónica, en el boulevard, y señalando el mar nos dijo: «Pacífico».

Nos hospedamos en un hotel muy antiguo –supongo que ahora les llevarán a otros más modernos- pero muy prestigioso, el Beverly Hills, en donde se han rodado grandes películas. Era maravilloso llegar a la habitación y encontrarte con una enorme cesta de frutas. Ahora es más corriente, pero yo era la primera vez que al llegar a una habitación me encontraba con una cesta de frutas del tamaño de una mesa, repleta de frutas de todo tipo colocadas con un gusto exquisito. Y luego, en la piscina del hotel, veías a todos los actores famosos; a Joseph Cotten, ya muy viejo y tumbado al sol, pues no se bañaba nunca; a Steve McQueen, a Elizabeth Taylor… Después de todo eso, lo que menos me impresionó y me interesó, donde más me aburrí, fue durante la ceremonia de entrega de los premios. Entre otras cosas porque estaba Bergman entre los cinco nominados extranjeros, que fue quien ganó, claro. Pero aunque no fuera evidente que iba a ser así –en una entrega de premios nunca se sabe-, a mí la ceremonia no me produjo la más mínima inquietud, y ni siquiera me di cuenta de cuándo llegó el momento de entregar el premio a la mejor película extranjera. Porque, además de que no sabía inglés, me estaba dedicando a mirar a los actores que andaban por allí. Después, la cena también fue aburridísima y ya ni siquiera había gente importante.

Plano final

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EL CRACK DOS (1983)

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Duración: 1 hora 57 minutos
Depósito Legal: M-13649/1983

Expediente número 592-82N

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PLANO INICIAL

Guion: J.L. Garci y Horacio Valcárcel
Dirigida por José Luis Garci

Dedicada a RAYMOND CHANDLER

 

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MIGUEL RELLÁN, «EL MORO»

Segunda aventura del detective Germán Areta (Alfredo Landa), un hombre inteligente, sagaz y de principios inconmovibles, que vive con su novia Carmen (María Casanova). La película retoma la historia poco tiempo después del final de El Crack (1981). Un día llega  a la oficina de Areta un cliente, don Miguel Sampedro (Rafael de Penagos), un hombre celoso que lo contrata para que investigue los motivos por los que ha sido dejado por Alfonso (Luis María Delgado), su novio de décadas. Para buscar información, cuenta de nuevo con la colaboración de El Moro Cárdenas (Miguel Rellán). Ambos descubrirán que Alfonso está teniendo problemas y que tiene más de 100 millones de pesetas en dinero y bienes, información que sorprende fuertemente a don Miguel. Sin embargo, eso es solo el comienzo de una larga serie de acontecimientos que estarán conectados con el hecho inicial y que desembocarán en una historia de una importancia mucho mayor de lo que el propio Areta podía esperar.

 

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MARÍA CASANOVA, LA SUFRIDA COMPAÑERA

La película se estrenó el 1 DE AGOSTO DE 1983 en todos los cines, aunque ya lo había hecho en Barcelona el 13 de junio de 1983, y fue el primer largometraje de José Luis Garci después de conseguir el primer premio Oscar para un film rodado en español (11 de abril de 1983). El estreno de agosto no vino exento de polémica al considerar Garci que el comienzo del mes de vacaciones por excelencia en España no era el mejor momento para hacerlo y no asistió al gran estreno en la Gran Vía. Al «boicot» se sumó Alfredo Landa pero no el resto de actores, quienes acudieron todos a excepción de Arturo Fernández por encontrarse de gira teatral por Santander.

 

 

 

NAVIDAD DE 1982 EN MADRID

 

La película fue rodada por Garci antes de obtener el Oscar. El director sabe trasplantar al ambiente español la ambigüedad y el estilo contundente del thriller americano al que añade un fuerte sentimentalismo que no suele encontrarse en las películas de Hollywood que protagonizaran Bogart y compañía. «Los americanos no se creen que en España hagamos las películas en cinco semanas. Les parece imposible. Se lo juras y no tragan» decía Garci en 1983.

 

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LA GRAN VÍA DE MADRID EN 1982

 

Vestuario: Cornejo
Laboratorios: Fotofilm Madrid
Estudios: Juan Herrera
Sonorización: EXA
Seguros: Legiscine
Atrezzo: Mateos
Grupo electrógeno: UMESA

 

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Para Garci, esta es una película urbana. «El Madrid de la Gran Vía, de las noches Inquietantes. Con los carteles, los pasos de la gente. Creo que tiene un ambiente negro. No es ningún secreto. Me gusta sacar la cámara a la callo, a las fachadas» (La Vanguardia, 14 junio 1983).

 

 

JOSÉ MANUEL CERVINO Y ARTURO FERNÁNDEZ

 

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EN EL TEMPLO DE DEBOD, MADRID

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Don Ricardo (José Bódalo) es el antiguo amigo de Areta y quien le pone en contacto con don Miguel Sampedro. Es él quien nos deja las mejores tres frases de la película:

“Para tipos como nosotros, la jubilación es la última gran putada”
“Cada vez que en mi camino te cruzas, gitano, es para hacerme llorar”
“Si das con la verdad, la vas a encontrar envuelta en mierda»

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PLANO FINAL

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS (1970)

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Dirección: Carlos Saura

Guión: Rafael Azcona/Carlos Saura (“Sobre una idea de Carlos Saura”)
Música: Luis de Pablo

Exteriores rodados en: El Escorial y Aranjuez


Dedicación: “A Geraldine”

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Plano inicial

Mansión en las afueras de Madrid. La película comienza con una actriz (Charo Soriano) retocándose e intentando parecerse a la mujer de una foto. Mientras tanto, aparece en la habitación un cerdo trasladado por varios hombres al cuarto de invitados. Antonio Cano (José Luis López Vázquez), hombre de mediana edad en silla de ruedas, ha sufrido un accidente que le ha provocado la pérdida de la memoria y la plena capacidad para expresarse verbal y gráficamente. Para intentar acabar con su trauma don Pedro, su padre (Francisco Pierrá), contrata a la actriz para que represente el papel de madre de Antonio, ya fallecida. El resto de personas alrededor de Antonio se ocuparán de cuidarle con el objetivo de hacerle recordar en qué cuenta de Suiza depositó varios millones ya que es el único que conoce esa información «por su manía de no fiarse de nadie». Todo forma parte de un plan de recuperación del subconsciente. La familia de Antonio, incluidos sus hijos, lo tratarán como si fuera un niño puesto que consideran que es el único modo de conseguir su cometido.

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Antonio intenta recordar

La familia representará diferentes escenas de la vida de Antonio como su comunión, ocurrida el 14 de abril de 1931 (día de la proclamación la II República) e interrumpida por unos defensores del nuevo régimen que entraron en la iglesia, la muerte de su madre o una batalla medieval como la que aparece en el cuadro que cubre la caja fuerte de su casa. La amnesia de Antonio hará que ni siquiera su mujer Luchy (Luchy Soto) pueda acceder a la caja de caudales de la casa ya que solo él conocía la combinación. El plan de don Pedro continua y contará con la ayuda de Nicole (Esperanza Roy), amante de Antonio que viajaba con él cuando tuvo el accidente, de amigos que solían ir a cazar perdices con él, entre otras situaciones de su pasado lejano y reciente, para hacerlo regresar a su vida normal antes del accidente.

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Alberto Alonso es el hijo de Antonio y representó el personaje del Inspector Dávila en «Cuéntame cómo pasó» 30 años después

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Antonio Canal es ejecutivo de la empresa de Antonio y también el Padre Froilán en «Cuéntame cómo pasó»

La película intercala escenas del presente con escenas del pasado en las que se puede ver el ascenso de Antonio en la empresa de su padre después de la guerra civil gracias a sus novedosas ideas.

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La madre de Antonio falleció un día de Navidad

Don Pedro obliga a Antonio a escuchar sus discursos pasados al frente de la empresa para que recupere su capacidad de expresión. Delante del consejo de administración de la empresa Antonio repite de memoria el discurso del año pasado. Sin embargo, los ejecutivos se dan cuenta y deciden, dada la gravedad de la situación y la imposibilidad de una mejoría próxima, incapacitarlo legalmente a pesar de que fue él quien levantó la empresa. El final de la película muestra a Antonio en silla de ruedas, como ha pasado buena parte de la película, rodeado del resto de personajes, incluido don Pedro, también en sillas de ruedas y moviéndose alrededor del jardín de las delicias…

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Plano Final

LA GRAN FAMILIA (1962)

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ESTRENO: 20 DE DICIEMBRE DE 1962
(Cine Lope de Vega, Madrid)

Producción: Pedro Masó Producciones Cinematográficas
Director
: Fernando Palacios
Argumento, guión y diálogos: Rafael J. Salvia, Pedro Masó, Antonio Vich
Musica: Adolfo Waitzman

Duración: 1 h 44 min

Estudios: Sevilla Films

Lugares de rodaje: MADRID y TARRAGONA

Presupuesto: 6.300.000 pesetas.

“Esta película ha sido declarada de interés nacional”

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Diario ABC, 20 diciembre 1962

Frase:
Cuando Carlos va a cobrar la paga extraordinaria de Navidad (los puntos) por familia numerosa mantiene una conversación con el empleado que le abona el importe en efectivo. La conversación es la siguiente:

Empleado: “Si hubiera muchos como usted, pronto se arruinarían los contribuyentes españoles”.

Carlos: ¿Y usted cuántos hijos tiene?
Empleado: Ninguno, preferí quedarme soltero.
Carlos: Pues si hubiese muchos como usted, muy pronto no quedarían ni contribuyentes, ni españoles, ni nada”. 

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Plano inicial

Madrid. Carlos Alonso (Alberto Closas) y Mercedes Cebrián (Amparo Soler Leal) son los padres de una familia de quince hijos. Todos viven con el abuelo (José Isbert) y dependen económicamente del trabajo de Carlos como aparejador, ya que todos los hijos están estudiando, la pequeña pensión de jubilado del abuelo y la ayuda de Juan (José Luis López Vázquez), el padrino de cinco de los hijos. La película muestra diferentes escenas de la vida cotidiana de la familia Alonso y que refuerzan los diferentes papeles dentro de la familia tradicional del franquismo: el trabajo continuo de Carlos y sus dificultades para cobrar los proyectos que realiza en el estudio, la compra en el mercado de Mercedes, la preparación de la primera comunión de algunos de los hijos, las primeras relaciones amorosas de los hijos mayores, la atención del abuelo hacia sus nietos, etc.

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Autobús con la publicidad de KAS Naranja y Limón


Carlos se presenta como el padre ideal de la España franquista. Su preocupación por el futuro, la educación y las buenas maneras de sus hijos concuerdan con la ideología que pretendían implantar los poderes de la dictadura. A pesar de los problemas económicos familiares, la numerosa familia se puede permitir pasar un mes de vacaciones en la costa de Tarragona donde muchos de ellos ven por primera vez el mar.  Durante este mes serán muchas las actividades que realizarán: reciben la visita del Padrino (quien encuentra novia y regresan juntos a Madrid), van a la playa, ven películas en el cine, alguno conoce su primer amor, entre otras muchas más, e incluso el matrimonio Alonso disfrutará de tiempo para ellos solos gracias a la colaboración de los hijos mayores y el abuelo que se ocuparán de los más pequeños.

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Ya es Navidad en El Corte Inglés…

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…y en Galerías Preciados

Después de las vacaciones veraniegas, la historia pasa directamente al último día de clase antes de las fiestas de Navidad. Todos están muy felices ya que Carlos ha podido cobrar el dinero que se le adeudaba por sus diferentes trabajos, Antonio (Carlos Piñar), el hijo mayor, contribuye también con sus primeros ingresos, lo que les permitirá celebrar “la mejor Navidad de nuestras vidas”. La tarde del día de Nochebuena, mientras el abuelo está con algunos de los más pequeños mirando las figuras para belenes en el mercado navideño de la Plaza Mayor, Chencho (el más pequeño, de soló  dos años) se pierde.

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Mercado de Belenes – Plaza Mayor de Madrid

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Figura de Papa Noel que mira a la carta de los Reyes Magos de Críspulo

Los padres llaman a la policía quienes se movilizarán para encontrarlo e incluso anunciarán su pérdida en la radio. Críspulo (Pedro Mari Sánchez), el hijo más travieso y aficionado a los petardos, cambia su carta a los Reyes Magos para, en vez de pedir juguetes, rogarle al rey Gaspar que aparezca su hermano. Por su parte, Chencho ha sido recogido por un matrimonio sin hijos que se lo encontró solo por la calle. Mientras ven la televisión aparece un mensaje del Padrino que anuncia la desaparición del niño. Así es como consiguen recuperarlo finalmente. Una vez en casa, alguien regala a Chencho un televisor que disfrutará toda la familia. Al final, sentados delante del aparato, Mercedes anuncia que está de camino el niño número 16 mientras Críspulo lanza al cielo un cohete con el mensaje “Gracias Dios”.

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Plano Final

Pedro Masó, productor de la película, decidió crear su propia productora en 1961 con el objetivo de crear una película que pudiera crear y decidir él desde el principio hasta el final: «Voy a establecer mi marca y producir una película Pedro Masó S.A.» Sin embargo, solo disponía de un capital del 2.000 pesetas, por lo que hizo una visita al Banco Pastor para pedir un préstamos con idea de hacer una película sobre un matrimonio que tenía quince hijos y eran felices. El banco no se prestó a ayudarle y tuvo que pasar un año hasta que pudo reunir el dinero para levantar el proyecto. Desde la dictadura franquista se incentivaban los nacimientos y la familia numerosa se había convertido en el modelo a seguir.

Familia feliz y niños, muchos niños, eran los dos elementos fundamentales del guion de la película que, si bien estaba construido sobra la base de esos tópicos aceptados comúnmente en la época, evitaba cualquier profundización en la problemática de las relaciones familiares, las crisis de la adolescencia o los enfrentamientos generacionales, aunque manifestaba, como apuntó Fernández Méndez-Leite, una evidente habilidad en lo que se refiere a la concatenación de sucesos, dosificación de sentimientos y sensaciones. Positiva, optimista  y hasta rosa de una realidad que era mucho más amarga, sintonizó plenamente con el optimismo opusdeista presente en los sectores dominantes de la sociedad de la época. Quizá por ello obtuvo la máxima calificación administrativa y, tres años después, fue continuada con La familia y uno más.

JOSÉ LUIS LÓPEZ VÁZQUEZ Y JOSÉ ISBERT, PADRINO Y ABUELO DE LA FAMILIA

Es, sin duda, una película de actores. El modélico matrimonio, pilar donde se sujetaba la gran familia que proponía Pasó, que reflejaba a la vieja España de proliferación de familias numerosas y a la del conocido fenómeno sesentero denominado «baby boom», recayó en los sólidos hombros de Alberto Closas y Ámparo Soler Leal. Uno de los personajes que más hondo caló fue el del simpático tío soltero dispuesto siempre a echar una mano, siempre al rescate de la gran familia y al que una y otra vez le ocurrían toda clase de desgracias. Un papel al pelo para un actor que, por cierto, pasó algo de miedo cuando los niños tenían que prenderle fuego en una de las escenas.

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AMPARO SOLER LEAL Y ALBERTO CLOSAS

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MARÍA JOSE ALFONSO Y PACO VALLADARES

María José Alfonso, con 22 años, hizo su debut en esta película al igual que el travieso Críspulo interpretado por Pedro Mari Sánchez.

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JULIA GUTIÉRREZ CABA Y ANTONIO CASAS

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JAIME BLANCH

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MARÍA ISBERT

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PEDRO MARI SÁNCHEZ ES CRÍSPULO

El modélico matrimonio, pilar donde se sujetaba la gran familia que proponía Masó, que reflejaba a la vieja España de proliferación de familias numerosas y a la del conocido fenómeno sesentero denominado «baby boom», recayó en los sólidos hombros de Alberto Closas y Ámparo Soler Leal. Es preciso mencionar que el largometraje fue declarado de ‘interés nacional’, reconocimiento creado en 1944 por el Servicio Nacional de Propaganda. De entre los objetivos más importantes de tal institución destacaba revitalizar el cine español a la vez que propagar la ideología del Régimen. La película puede entenderse como un símbolo que refleja la propuesta de progreso de una España que ha abrazado el futuro del desarrollismo frente al estancamiento de la autarquía. Según Carmen Cortés Salinas: «A pesar del edulcoramiento y el optimismo de la historia, La gran familia proporciona datos testimoniales valiosos para la reconstrucción de la forma de vida de los ciudadanos del desarrollo: la venta a plazos, las facilidades que la ciudad otorga para el estudio, que se presenta como vía de promoción social, la llegada de la televisión a los hogares, las vacaciones en la playa facilitadas por los programas de Educación y Descanso».

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La mayor parte de la crítica coincide a la hora de definir el ‘edulcoramiento’ de la película como una representación ajena a las circunstancias de los españoles, algo con lo que incluso la propia censura estuvo de acuerdo según el informe que en su día le dedicó a la película de Palacios. Una de las críticas más severas es la que hace Sally Faulkner, quien, además de resaltar el papel propagandístico de la película, afirma que el visionado de la misma de alguna manera se asemeja al de un NO-DO de más de hora y media de duración. El padre es el representante de la estructura familiar en el espacio público mientras que el papel de la madre es la procreación y la organización del espacio doméstico. Los hijos, por su parte, tienen el deber de obedecer y respetar a sus progenitores. En cuanto al posicionamiento del grupo ante las adversidades, este debe ser optimista — como ocurre cuando el padre pierde su empleo — o de una mezcla de mano dura y comprensión — características asignadas al padre y la madre, respectivamente — como en el caso del castigo y posterior perdón — causado por el motín de los quince hijos y el abuelo — ante los deficientes resultados académicos de uno de los hijos. Finalmente, la recompensa del grupo es doble. Por un lado el espectador se encuentra con una familia unida que vive en armonía, y por otro existe una recompensa material, propia de la clase media, que se identifica con la llegada a la casa de su primer receptor de televisión o el disfrute de unas vacaciones en la playa. La creación de un modelo familiar de este tipo, tan ejemplar como ajeno a la realidad, cumple, por tanto, un doble objetivo de servir de modelo a la vez que tachar de disfuncional cualquier estructura que se aleje de lo propuesto, relegándolo a un espacio ausente y marginal.

HISTORIA DE ESPAÑA

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En 1962, eran pocos los televisores en España. Aquí vemos a la familia Alonso viendo el Telediario en la televisión del vecino de enfrente (José María Caffarel) 

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En 1962 era común que los carteros fuesen a casa por Navidad pidiendo el aguinaldo. El cartero aquí es LUIS BARBERO.

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Estatua de Roger de Lauria (1245-1305), mencionado por los hijos gemelos como gran marinero del Mediterráneo

MENSAJEROS DE PAZ (1957)

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ESTRENO: 10 de DICIEMBRE de 1957
[Cine CAPITOL, Madrid]

Duración: 1 h 17 min

Director: Jose María Elorrieta

Argumento: J.M. Iglesias y J.M. Elorrieta
Guión y diálogos: Jose Manuel Iglesias
Música: Cristóbal Halffter
Rodada en la ciudad de MADRID
Estudios: Sevilla Films
Acogida al Crédito Sindical 1957

Frase:
Melchor: “Ay Baltasar, cómo olvidas que hoy el mundo es desconfiado y materialista”.

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Plano inicial

ARGUMENTO:
     Los Reyes Magos consideran que los niños están perdiendo la ilusión a causa de la influencia de los adultos. Para solucionar el problema, se les permite venir al mundo (a Madrid) como personas normales y con la prohibición de hacer magia. El proceso de adaptación pasa por el cambio de 500 monedas de oro del siglo I a pesetas, abrir una cuenta bancaria a nombre de los tres, ir personalmente a comprar juguetes en una juguetería, entre otras acciones difíciles de entender para las personas con las que se van encontrando. Paseando por la calle son confundidos con tres reyes magos que iban a participar en la cabalgata de Madrid y que habían ido a tomar una copa mientras esperaban el comienzo…

 

 

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El día de Reyes se acerca

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CONCHA VELASCO, CON 18 AÑOS 

La cabalgata termina en un hospital infantil en la que los reyes tendrán la oportunidad de ver a los niños enfermos. Viendo que llaman demasiado la atención paseando vestidos como reyes magos, deciden ir a comprarse unos trajes. Los reyes, ya con traje, visitan a la madre y la hermana (Concha Velasco) de Andresito, un niño al que han conocido en el hospital y que está triste porque su padre se ha ido de casa con su amante. Después de la visita, van a un restaurante de lujo e intentan pagar con un cheque firmado con sus verdaderos nombres. El maitre (Teófilo Palou) llama a la policía y los llevan detenidos a comisaría. El comisario (Santiago Rivero) piensa que están borrachos y manda encerrarlos en el calabozo. Durante la noche, hablan con el carcelero (Francisco Bernal) y, para que les deje salir, le cuentan lo que ha pedido su hijo causando su gran sorpresa y accediendo a que salgan de la celda.

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LOS REYES VISITAN EL HOSPITAL INFANTIL

Cuando salen de comisaria, van a buscar a Enrique (Antonio Casas), el padre de Andresito, a la sala de baile que frecuenta éste para convencerle a que vuelva con su familia. Allí la señorita Marichu (Mariangela Giordano) les informa de que Enrique trabaja ahora en el cine. En la sala de baile, Gaspar (Rafael Luis Calvo) da un discurso a petición de Marichu después de que ésta los presente como los Reyes Magos. El discurso habla de la importancia de la familia como «mantenedora de los principios de Cristo». El día siguiente los reyes van a los estudios de cine para hablar con Enrique y decirle que su hijo está en el asilo debido a un principio de parálisis en la pierna y que le prometieron que Enrique lo visitaría el día de Reyes. Mientras asisten a un rodaje, Melchor (Félix Dafauce) habla del valor del cine como instrumento cultural y de propagación de buenas costumbres. Después los reyes van a ver un equipo de fútbol en el que juega José María (Mario Berriatúa), prometido de la hermana de Andresito, y Baltasar (Antonio Almorós) utiliza sus poderes para evitar que un defensor rival lesione a José María y le impida ser seleccionado para jugar con España.

 

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Los Reyes Magos asisten a un partido de fútbol del Rayo Vallecano

El día de Reyes, los tres llevan regalos a las diferentes personas con las que se han encontrado en su estancia madrileña. Regalan una máquina de escribir a Marichu para que abandone su trabajo de bailarina y trabaje de mecanógrafa como deseaban sus padres; una bicicleta al comisaría que no podía permitirse porque costaba muy cara, y, el más importante: la visita de Enrique a Andresito. La película termina con el coche de los magos pasando por encima de un periódico que anuncia la inminencia de un grave conflicto bélico. Los mensajeros de paz han conseguido el cometido por el que vinieron a la tierra.

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Palabras curiosas:

1.    “Radioescucha” se usa con el significado, también presente en la película, de “radioyente”.
2.    “Asilo”, residencia/hospital infantil.
3. “Pasta”, dinero. Ya se usaba en 1957 con el mismo significado popular que tiene hoy.

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GRAN VÍA DE MADRID, CON EL SEPU (PRIMERA CADENA DE GRANDES ALMACENES DE ESPAÑA)

 

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Plano final: los reyes regresan a casa